una manera de acercarse a una casita
desbordada de manzanas.

Hay al menos dos claves en el título de esta exposición de Gabriela Pino
en ThisIsNotAGallery curada por Guido Ignatti.

Claves con entre-cruzamiento de registros. Transposición.

Mi nombre representado por la casa

Es Blancanieves por las manzanas

Visto así, es un problema de identidad.

Blancanieves nunca tuvo hogar. Primero es la casa de su padre -heredada-, luego la madrastra -donde no la quieren- seguido de la casa de los enanos -tiene que lavar y cocinar para siete si quiere quedarse. Su última morada, la del príncipe, si es que la historia tiene final feliz.

Si Blancanieves es la manzana, su nombre la desborda, crece con fuerza desde el interior pero termina anegando la única entrada posible al hogar. Sea lo que sea que representa la manzana (para la artista, para mí, para vos) aparece en estado de derrame, desenfreno, superación de todo límite.

Sin embargo, en las ventanas, para reforzar la idea ahí-presente de una fuerte pulsión escópica, las manzana se acomodan de manera prolíja dispuestas sobre el marco. Entre tanto desborde hay selección y disposición.

Mi nombre es lo que le pertenece. Es la acción de pertenencia. Es la puesta del cuerpo en acción, la casa que hizo desarmando 80 cajones de manzanas. En Mi nombre se ejerce un acción y se la replica con el martillo neumático usado por la artista para levantar, desde abajo -con cimientos fuertes-, la casa.

Y finalmente, ella nunca está.

Blancanieves no está el flyer en el que vemos la ropa dejada para secar. No está en la instalación, claro, no podría haber entrado (¿por lo tanto está afuera?) No está en la entrada-visor de TINAG donde vemos, como reiteración pero también como prólogo, la ropa recién lavada y tendida. Nos acompaña alguna música, mash-up entre la banda de sonido del film de Disney y algunos recortes electrónicos.

La obra se lee en todos sus planos: flyer/foto + entrada de TINAG + instalación site-specific y time-based**.

La entrada. Es un prologo en el que se presentan los personajes, el lenguaje y el uso del espacio. Blancanieves en su ropa tendida, por ella. El lenguaje objetual y del dejar aparecer eso que los objetos tienen como signos. Indicadores de historias. La instalación como forma de tomar el espacio. De representar en el espacio.

El disposito escópico, que se complementa con el auditivo (editado por la Dj. Auténtica Malibu ), obliga a ir mucho mas al grano en la composición de la imagen. Es una puesta en escena, evidente maqueta. Representación

En la carera de Gabriela Pino esta instalación en TINAG significa un gran paso adelante porque involucro mucho riesgo. Aquí la artista se la jugo por cambiar, sintetizar y absorber lo aprendido. Una verdadera alquimia de identidades puestas en juego en la obra. Desde el 2006 Pino cubre con “otras pieles” objetos. Pieles hechas de recortes de revistas de supermercados o de papel metalizado de “Bananita Dolca”. Primero cubría objetos autónomos, esculturas intervenidas. Luego, fue organizando composiciones de más objetos, hasta tomar paredes y tarimas. En su anterior exposición en la Barraca Vorticista había empezado a construir situaciones escenográficas más complejas, partiendo de objetos recubierto por “otras pieles”. La obra que mostró en Exit funcionaba como verdaderas mise en scène en las que por primera vez incorpora elementos vivos, en este caso: zanahorias.

Por eso, el desafío de llevar a cabo esta instalación representa un gran paso adelante en su carrera. Lo que empezó como una maqueta, hace un año exactamente, hoy se concreta en escala uno a uno con respecto a sus sueños. Sorprende ver en la maqueta una idea tan bien plasmada, índice de tener muy claro el camino que se quiere recorrer. Porque todo empieza por una idea, por mas mínima que sea. Siempre es el arranque de algo.

[asteriscos como postdatas]

*Este texto surge de la visita guiada realizada el sábado 20 de agosto. El breve análisis, vale decir, un acercamiento entre miles posibles, fue decantando en el camino que separa mi casa de la galería. Quise tomar UNA idea. Intenté dejar de lado la necesidad maximizadora que rige nuestras vidas contemporáneas, necesidad que me hubiera llevado a intentar decirlo todo, cubrir cada arista de la obra y, seguramente, aburrir a mis interlocutores (si no marearlos o dejarlos con una sopa de letras en la cabeza). Quiero agradecer a Aglaia y Carlos de TINAG por la excelente acogida y la oportunidad brindada.

**la relación entre site-specific (por la factura puntual de esta obra en los términos espaciales propuestos por el galpón de TINAG) y su condición de time-based (en relación a la natural descomposición de las manzanas, a su realidad efímera como obra) es algo que puede leerse mejor y con mayor profundidad en el texto crítico de Marcelo Sánchez Dansey publicado el sábado 20/08 en la revista Ñ. Es una crítica que no tiene desperdicios, muy aguda y, para quienes todavía creemos en el amor con una buena cuota de idealismo y romaticismo, es una suerte de dedo en la yaga, un recordatorio de que el amor/los sueños también pueden pudrirse en una semana dejándonos con la necesidad de aceptar que lo que nos quedó es una casa de la más berreta de las maderas.

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